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Los contenidos periodísticos que se publican en este resumen informativo son responsabilidad exclusiva de sus medios emisores y no representan, de manera alguna, la opinión de la Coordinación para el Diálogo y la Negociación en Chiapas.
México, D.F, 22 de enero de 2010
MONTES AZULES
Desalojan a 120 indígenas
Un aproximado de 120 indígenas que vivieron por más de dos décadas en la Reserva de Montes Azules, en la zona más oriental de la entidad, fueron desalojados por elementos de la Policía Federal (PF) y el Ejército. En un operativo en el que se usaron helicópteros y participaron también funcionarios de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), los militares y agentes policíacos irrumpieron por la mañana en los poblados para comunicarles a los indígenas que no podían vivir en la biosfera. Así, con sólo lo que tenían puesto, los indígenas fueron subidos a las aeronaves y trasladados hacia Comitán, para luego ser enviados ante la PGR donde rinden declaraciones ante un Agente del Ministerio Público. Los indígenas que vivían en los centros de población El Semental y San Pedro, dejaron chozas, enseres, animales de corral y perros, que no les permitieron sacar los militares y policías durante el desalojo. Una vez que las familias partieron de sus poblados, los soldados y policías procedieron a quemar las chozas donde vivían. Fuentes del Gobierno del Estado aseguraron que el operativo fue pacífico y que las familias fueron reubicadas. (Cuarto Poder)
GRUPOS ARMADOS
Espino favorece al PRI al atacar alianza en Oaxaca, acusa panista
El diputado local panista Gerardo García Henestrosa, aspirante a ser postulado a la gubernatura por una posible coalición entre los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, lamentó que el ex presidente nacional del blanquiazul, Manuel Espino Barrientos, “venga a Oaxaca a hacerle el caldo gordo al gobernador” Ulises Ruiz Ortiz para tratar de evitar la alianza opositora al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Por su parte, el presidente del Comité Estatal del PRD, Amador Jara Cruz, emplazó a Manuel Espino a presentar pruebas de los supuestos vínculos entre perredistas oaxaqueños y el Ejército Popular Revolucionario (EPR), o de lo contrario lo demandarán por difamación. “Es delicado que Espino acuse al PRD de tener relaciones con el EPR, cuando el partido está formado por un sector de la izquierda que ha apostado por la vía pacífica y los procesos electorales,” señaló. (La Jornada)
ARTÍCULOS, COLUMNAS Y EDITORIALES
La izquierda y Volpi
Alejandro Jiménez escribe en su artículo que “como todo buen ensayo, el libro “El insomnio de Bolivar”, de Jorge Volpi, es fuente provocadora de ideas y contrarréplicas. Comparto su pragmatismo diplomático al considerar como artificial una idílica comunidad de naciones unida por lengua, cultura, economía y política, que nunca se ha dado en nuestro hemisferio. Sin embargo, creo que subestima y esquematiza hasta el absurdo el potencial revolucionario de la izquierda latinoamericana para participar en dicho proceso.
Siguiendo la lógica de Volpi, el último movimiento guerrillero regional digno de ser mencionado como tal, fue el zapatista de 1994, que se opuso al TLC norteamericano y colocó en primer plano de la agenda nacional y mundial, dice, la cuestión indígena.” (El Universal. Se anexa)
Centralidad y diversidad de las autonomías indígenas
Gilberto López y Rivas señala en su columna que “como todo concepto, la autonomía indígena contemporánea debe ser comprendida en su contexto histórico. En estos casos debe darse incluso una representatividad pluriétnica a los órganos de autoridad, recordando siempre –como hace el subcomandante insurgente Marcos– que la autonomía es tan importante que no podemos dejarla en manos de los políticos profesionales.” (La Jornada. Se anexa)
Para 2010: Reforma, libertad, justicia y ley
Eduardo Nava Hernández menciona en su artículo que “como se esperaba, 2010 se ha iniciado con el agravamiento de las condiciones de vida para la gran mayoría de la población mexicana, a consecuencia de los incrementos de impuestos y precios claves como los de los combustibles y energéticos, que desencadenan una oleada de incrementos y agudizan la de por sí grave pobreza en esos grupos mayoritarios. Frente a la inocultable profundización de una crisis que no es sólo económica, sino social y de las instituciones, crecientemente tocadas por la corrupción, se hace más necesario fortalecer una alternativa popular que modifique el rumbo que la derecha en el poder ha venido dando al país; pero no son pocos los obstáculos que habría que superar para conformar una fuerza social con la amplitud y contundencia necesarias para ello. Hoy por hoy el sector con mayor potencial de convocatoria y aglutinamiento es, sin duda, el Sindicato Mexicano de Electricistas, movilizado desde el 11 de octubre en defensa de su fuente de trabajo y del carácter nacional de la industria eléctrica. Para nadie es un secreto que en este 2010, más allá de las celebraciones históricas por el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, muchos mexicanos esperan el cambio que facilite su acceso a condiciones de vida más dignas y menos opresivas. Tampoco debe extrañar a nadie que, en medio de esas evocaciones, se agudicen las múltiples expresiones de malestar social y que se espere un año convulso (como, por lo demás, lo han sido los tres anteriores) a causa del desempleo, la carestía, la inseguridad pública, la militarización y la represión contra los luchadores sociales, los golpes al sindicalismo no oficializado (mineros, SME) y la violación constante de derechos humanos por las corporaciones estatales. Lo notorio es que, frente a esa opresiva realidad, los programas y lemas que animaron el movimiento revolucionario de hace un siglo mantengan cabalmente su vigencia. La actualización de los contenidos sociales de las gestas que dieron forma y contenido a la nación mexicana es la mejor forma de conmemorar activamente el Bicentenario y el Centenario del 2010. Como la historia -a despecho de cualquier mecanicismo o determinismo histórico- la hacen no los impersonales procesos económicos, sino los seres humanos que se mueven a partir de ideas y percepciones, ¿quién puede descartar que esas masas, ganosas de irrumpir, sean de nuevo un protagonista del cambio que durante los últimos 70 años las clases dominantes les han negado? ¿Es esto temerario? ¡Temerarios los que apuesten por el mantenimiento indefinido del inmovilismo y la injusticia social!” (Cambio de Michoacán)
Aclara Gobernación
Luis Estrada Straffon, Director General de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación envió una nota aclaratoria con relación a la columna de Miguel Ángel Granados Chapa.
“Sr. Director: En la columna publicada el pasado jueves 21 en su prestigiado medio, el señor Miguel Ángel Granados Chapa señala que la Secretaría de Gobernación “incumplió el acuerdo establecido con la Comed de transmitir nuestras preguntas a la Sedena”, calificando lo anterior como “un ejemplo cabal de la poca disposición [del Gobierno Federal] de avanzar con el diálogo” con la citada Comisión. Al respecto mucho agradeceré la publicación de las siguientes aclaraciones en beneficio de sus lectores: 1. Las preguntas a las que hace referencia el señor Miguel Ángel Granados Chapa fueron ampliamente discutidas entre la Procuraduría General de la República, la Secretaría de la Defensa Nacional y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional y la propia Secretaría de Gobernación. 2. Como es del conocimiento público, el Gobierno Federal accedió al planteamiento de ampliar el diálogo con las dependencias arriba mencionadas y, de hecho, funcionarios de las mismas asistieron a las instalaciones de la Secretaría de Gobernación, el 24 de abril de 2009, a la reunión programada con la Comed para esa fecha. Incluso, ese día las respuestas a las preguntas planteadas por la Comed fueron dadas a conocer a la opinión pública. 3. De todo lo anterior la Secretaría de Gobernación dio cuenta a través de los boletines de prensa: No. 063-21/04/2009 y No. 065-24/04/2009.” (Reforma)
TEXTOS
La izquierda y Volpi
Alejandro Jiménez/El Universal
Como todo buen ensayo, el libro “El insomnio de Bolivar”, de Jorge Volpi, es fuente provocadora de ideas y contrarréplicas. En sus 259 páginas el texto ganador del Premio Debate/Casa América cuestiona muchos de los fundamentos del tan anhelado sueño bolivariano de unidad latinoamericana y cómo, desde su punto de vista, tal deseo es, ha sido y será, inalcanzable.
Comparto su pragmatismo diplomático al considerar como artificial una idílica comunidad de naciones unida por lengua, cultura, economía y política, que nunca se ha dado en nuestro hemisferio. Coincido plenamente en su conclusión de que América Latina requiere de una izquierda crítica, alejada lo mismo de Washington que del socialismo chavista para remontar la grave crisis económica resultante de años de neoliberalismo.
Sin embargo, creo que subestima y esquematiza hasta el absurdo el potencial revolucionario de la izquierda latinoamericana para participar en dicho proceso. Volpi parte de la idea de que si en la década de los 70 hubo guerrillas, fue porque también hubo dictadores a los cuales oponerse. Y si hubo dictadores fue porque Estados Unidos los apoyó como dique en América Latina al comunismo soviético.
Es decir, todo fue producto de la Guerra Fría: los gorilas fueron apoyados por los gringos y los guerrilleros por Cuba o la URSS. En el momento que cae el Muro de Berlín y domina en el mundo la visión reaganiana de la economía y las relaciones internacionales se acabó la lucha, se fueron los dictadores y, con ellos, los guerrilleros.
En tan esquemático planteamiento se ignoran dinámicas sociales y de pobreza de los pueblos latinoamericanos, e incluso que hubo un país cuyas guerrillas no fueron manipuladas desde La Habana o Moscú: México, cuyo movimiento armado socialista ciertamente admiraba el modelo cubano y soviético, sin jamás obtener de ellos el apoyo deseado.
Siguiendo la lógica de Volpi, el último movimiento guerrillero regional digno de ser mencionado como tal, fue el zapatista de 1994, que se opuso al TLC norteamericano y colocó en primer plano de la agenda nacional y mundial, dice, la cuestión indígena.
“A partir del 2000, cuando México al fin celebró unas elecciones libres, Marcos perdió el rumbo y condujo al EZLN a una deriva radical que terminó por desacreditar sus conquistas previas. A 15 años del estallido de Chiapas, el EZLN ha perdido toda visibilidad, Marcos se ha convertido en un actor público irrelevante y, lo que es más grave, en México la cuestión indígena ha vuelto a la oscuridad previa a 1994”.
Aquí creo que el autor confunde el inicial y ruidoso despliegue mediático del poeta-guerrillero, con el movimiento social subyacente, que perdura y se incuba en la selva Lacandona, vía los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno, que sin ser ciertamente de gran impacto mediático nacional, delinean nuevas formas de relación comunitaria, acaso mejores que las existentes en la actualidad, y cuyos límites y alcances sólo se podrán medir con el tiempo.
El error es común. La desaparición mediática del Subcomandante Marcos suele confundirse con la anulación del zapatismo como movimiento social. Falso.
Sí comparto la idea de que la cuestión indígena ha sido postergada, incluso por quienes desde la misma autodenominada izquierda se enamoraron del icono de Marcos y ahora lo ignoran o hasta reniegan de él.
Volpi lamenta que después del EZLN la izquierda continental haya renunciado a su potencial revolucionario y sólo ha podido oponer a los estragos del neoliberalismo salvaje unos cuantos gobernantes populistas de izquierda (Evo, Correa, Chávez), de dudosa vocación democrática al sentar las bases de reelecciones indefinidas a favor de sus personas y partidos, y no de sus pueblos en general.
Cuenta dentro de esos líderes populistas a los que no llegaron a ser gobierno, como Andrés Manuel López Obrador en México y a Ollanta Humala, en el Perú.
Considerar, sin embargo, que ésa es toda “la” izquierda latinoamericana parece estrecho. Fuera de tales caudillos hay mucha izquierda, mucho más radical y propositiva, que se encuentra fuera de los esquemas tradicionales de la democracia electoral, que se está manifestando vía movimientos sociales autogestivos, con reivindicaciones campesinas, medioambientales, sindicales, anarquistas, de género y de derechos humanos, entre otros.
América Latina hierve. Se mueve. Está lejos de la pasividad o inmovilismo que sugiere Volpi; ni está sólo a expensas de caudillos dispuestos a perpetuarse en el poder.
Como el mismo autor reconoce, nuestro hemisferio es uno de los más maltratados por la aplicación neoliberal de la economía, y, por lo mismo, pensamos, uno de las que más activamente está buscando, por vías no tradicionales, su sobrevivencia.
Cierto: no son movimientos homogéneos, viajan más bien desarticulados, aunque a nivel local suelen estar a la alza, con reivindicaciones sociales de vanguardia.
Incluso, para noticia de Volpi, sigue habiendo guerrillas. Ya no en oposición directa a dictador alguno, ni con dinero cubano, sino como manifestación continuada en el tiempo de condiciones de pobreza extrema que no han dejado de estar presentes en nuestras sociedades.
Cierto: el ideal bolivariano de unidad continental es una utopía. Lo que no hay que descartar es que las izquierdas nacionales puedan ser capaces de trascender la era de los caudillos y de generar movimientos sociales sólidos, diferentes, con fuerte base social, que tomen como plataforma reivindicaciones sociales y económicas muy concretas, muy locales, y desde ahí contribuyan a generar condiciones para un mundo menos desigual.
Centralidad y diversidad de las autonomías indígenas
Gilberto López y Rivas/La Jornada
Como todo concepto, la autonomía indígena contemporánea debe ser comprendida en su contexto histórico: la lucha de los pueblos originarios por conservar y fortalecer su integridad territorial y cultural por conducto de autogobiernos que practican la democracia participativa y enfrentan –con una estrategia antisistémica– la rapacidad y violencia del sistema capitalista en su actual fase de trasnacionalización neoliberal.
Insistimos en el carácter dinámico y transformador de las autonomías que, para ser tales, modifican a los mismos actores y en todas las dimensiones: las relaciones entre géneros, entre generaciones, promoviendo en este caso el protagonismo de mujeres y jóvenes; democratizando las sociedades indígenas, politizando sus estructuras socio-culturales, innovando en lo organizativo y en las formas de comunicación, en las que, por ejemplo, las radios comunitarias juegan un papel trascendente.
Ante la permanente amenaza de las corporaciones a los territorios, recursos y saberes de los pueblos, la autonomía redefine la relación con el entorno circundante. En la profundidad del territorio como base material de la identidad étnica se busca la unión complementaria de productores, comercializadores y consumidores para desarrollar una economía solidaria y la autosuficiencia alimentaria, así como la generación de proyectos económicos para beneficio general, optimizando todos los esfuerzos para el ejercicio real de la autonomía como tarea de todos y todas. La defensa de los sujetos autonómicos a la acción del mercado y sus agentes estatales significa el control de ese territorio y sus recursos desde abajo (comunidades) y desde la sociedad civil nacional e internacional que acompaña en ocasiones a estos movimientos.
Los procesos educativos y de socialización, asimismo, se generan a partir de y por las comunidades, tomando en cuenta que el patrimonio cultural surgido de los pueblos y otros actores populares, y aquellos con contenidos liberadores que enriquecen a los sujetos autonómicos, en el entendido que el diálogo intercultural fortalece la autonomía. Esta situación es más notoria y necesaria cuando dos o más pueblos confluyen en un proceso autonómico (Chiapas, regiones de Guatemala y Nicaragua, por ejemplo) y la unidad del sujeto autonómico frente al Estado se torna indispensable, ya que en las actuales circunstancias los procesos autonómicos se oponen directamente a los agentes estatales (funcionarios, policías, ejército, jueces, etcétera) al servicio del capital trasnacionalizado. En estos casos debe darse incluso una representatividad pluriétnica a los órganos de autoridad, recordando siempre –como hace el subcomandante insurgente Marcos– que la autonomía es tan importante que no podemos dejarla en manos de los políticos profesionales. La injerencia de partidos políticos en la mayoría de los casos, deteriora e incluso, hace fracasar, el ejercicio autonómico.
Si la autonomía es parte de la cuestión nacional, el movimiento indígena que practica y promueve las autonomías, en su lucha por prevalecer, establece las alianzas necesarias, primero entre los propios pueblos indígenas, y a partir de ello, con los sectores oprimidos y explotados del país que se trate.
Esto significa la construcción permanente del sujeto autonómico no sólo desde abajo, sino también en sus alianzas con otros actores políticos y a partir del control sistemático de los representantes mediante la rendición de cuentas, revocación de mandato, según sea el caso, y rotación de cargos. Es importante que las estructuras políticas, económicas, de impartición de justicia, seguridad pública, educación, cultura y radios comunitarias al servicio de las autonomías se establezcan en una articulación horizontal con asambleas comunitarias, municipales y regionales funcionando como máximas instancias de autoridad en cada uno de los ámbitos.
Es evidente que todos estos procesos no se llevan a cabo de manera simultánea en las etnorregiones y en todos los casos en que se ejerce el autogobierno indígena, destacando la profundidad e integralidad de algunos de ellos que por razones específicas han podido desarrollar formas organizativas –incluso político militares– como el EZLN, que dan coherencia a los procesos autonómicos y garantía de futuro.
Existen situaciones, por ejemplo, en las que la dependencia económica o política del pueblo indígena hacia los mecanismos del mercado, o los aparatos estatales, merman el proceso autonómico, como el caso de los yaquis, el cual aparece distorsionado incluso frente a los propios actores, quienes refieren que su autonomía “es relativa”. En otras situaciones, el caciquismo –todavía bastante activo en algunas etnorregiones y relacionado con partidos políticos– amenaza directamente a la autonomía con la represión generalizada y criminalización de quienes destacan en el proceso, como el caso de varias experiencias de autonomía en Guerrero y Oaxaca. En otras situaciones, el narcotráfico ha penetrado a las comunidades, y con ello se intensifica la militarización adicional a la que implica la contrainsurgencia activa y preventiva.
Por ello, se insiste en el carácter intrínseco de cambio, adaptación, reacción e innovación de las autonomías acorde a los factores internacionales, nacionales, regionales y locales a los que los pueblos indígenas se enfrentan. De aquí el significado múltiple y polivalente del término, y en ocasiones incluso, la negativa a utilizarlo en algunas experiencias, como la policía comunitaria de Guerrero, que sin embargo busca gobernarse y hacer justicia con sus propias normas, lo que constituye, en esencia, la centralidad de todo proceso autonómico.
Al entrañable Ricardo Robles, El Ronco
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