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Los contenidos periodísticos que se publican en este resumen informativo son responsabilidad exclusiva de sus medios emisores y no representan, de manera alguna, la opinión de la Coordinación para el Diálogo y la Negociación en Chiapas.

México, D.F, 18 de noviembre de 2008

EZLN

En privado, zapatistas festejan un cuarto de siglo de lucha

Hermann Bellinghausen escribe desde Oventic, Chiapas, que los 25 años de existencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, fundado en las montañas de Chiapas el 17 de noviembre de 1983, son celebrados en el caracol de la zona Altos con una fiesta a la que acudieron miles de bases de apoyo zapatistas. (La Jornada. Se anexa)

CHIAPAS

Se dan cambios en el Gobierno Estatal

En lo que fue la recomposición más importante de su gabinete a pocos días de cumplir los dos primeros años de administración en Chiapas, el Gobernador Juan Sabines Guerrero, designó a Noé Castañón León, como nuevo secretario de Gobierno en sustitución de Jorge Antonio Morales Messner. Pero al mismo tiempo éste pasó a ocupar la Secretaría de Transportes en sustitución de Alfredo Martínez de la Torre; José Luis Solís Cortés, ocupa la Secretaría de Seguridad Pública en lugar de Daniel Roque Figueroa, mientras que Samuel Toledo Córdova Toledo, ocupa la Contraloría General del Estado en sustitución de Francisco Sau Yáñez que pasa a la Secretaría de Economía. Fue el propio Gobernador Sabines quien dio posesión a Castañón León, en una ceremonia a puerta cerrada, en donde convocó a su gabinete a fortalecer el trabajo en unidad para superar los rezagos, construir un desarrollo sostenido y sustentable, en un ámbito de cultura de paz y participación ciudadana democrática. Al mismo tiempo, informó que la Secretaría de Gobierno se transforma en Secretaría General de Gobierno, a cargo de Noé Castañón León, doctor en derecho, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ex presidente del Supremo Tribunal de Justicia, durante la administración de Roberto Albores Guillén. (Cuarto Poder, El Heraldo de Chiapas, Diario de Chiapas, Milenio, Excélsior, La Jornada)

ARTÍCULOS, COLUMNAS Y EDITORIALES

El horizonte zapatista

Luis Hernández Navarro comenta en su artículo: “Durante 15 años, cuatro administraciones federales y seis estatales han destinado multimillonarios recursos para contener y acabar con el zapatismo. No han podido hacerlo. A pesar de que han gastado miles de millones de pesos en obras públicas, proyectos productivos, despensas y dinero en efectivo para comprar voluntades, no han podido apagar la llama de la dignidad indígena. Los alzados no aceptan un solo peso de los gobiernos. El dinero gubernamental ha ido de la mano del garrote. El acoso policiaco-militar en contra del levantamiento no cesa. El Ejército Mexicano mantiene acuartelados en la zona rebelde a miles de hombres. Los patrullajes son constantes. Sin embargo, ni esa presencia ni la de las distintas policías han logrado desarticular la resistencia.(La Jornada. Se anexa)

EZLN: más que un aniversario

Magdalena Gómez escribe en su artículo: “oficialmente se cumplieron 25 años del inicio de un proceso que aparecería ante la nación y el mundo el primero de enero de 1994. Ese día el EZLN tomó militarmente siete cabeceras municipales de Chiapas. En sus primeras proclamas, el EZLN anunciaba: “Hemos empezado la lucha que necesitamos hacer para alcanzar demandas que nunca ha satisfecho el Estado mexicano: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”. (La Jornada. Se anexa)

La designación

Julio Hernández López escribe en su columna Astillero: “en Chiapas hay un claro ejemplo de esos cambios por la izquierda, institucional y democráticamente revolucionarios, pues el frívolo mandatario de aquella entidad, Juan Sabines, mudó ayer de secretario de Gobierno y nombró en ese cargo a Noé Castañón León, político relacionado con Roberto Albores Guillén, bajo cuya gubernatura impulsó planes para remunicipalizar las áreas de influencia del EZLN y promover deserciones de integrantes de esta organización. El nuevo secretario de gobierno fue acusado por el entonces gobernador Pablo Salazar de peculado, abuso de confianza y otros delitos, aunque ninguna de las acusaciones mereció resolución en contra del resucitado funcionario.(La Jornada)

Violencia y manifestaciones populares

Carlos Montemayor escribe en su artículo: “Dijimos anteriormente que los grupos de choque se han empleado también contra manifestaciones populares que no eran originalmente de grave inconformidad social, pero que tras la actuación de los grupos policiales o militares deciden resistir o enfrentar a la fuerza pública. La reacción de confrontación no es, por supuesto, constante; tampoco puede afirmarse que sus consecuencias sociales se prolonguen o se acrecienten a corto o a largo plazos. A ello quizás se debe que estos operativos se apliquen con frecuencia, a pesar de que son susceptibles de producir graves reacciones sociales. La respuesta social prolongada o acumulada puede asumir diversos grados. En 1967, la represión a la manifestación pacífica de los padres de familia de la escuela primaria Juan Álvarez produjo la guerrilla de Lucio Cabañas. Ese mismo año, la respuesta a la masacre de copreros en Acapulco ocurrió a través de los cuadros de la guerrilla de Genaro Vásquez Rojas. La respuesta a la masacre de Aguas Blancas, en 1995, se demoró un año: fue la aparición de la guerrilla del EPR. En el caso de Acteal, en 1997, no hubo una reacción de las víctimas, sino un recrudecimiento de las acciones de grupos paramilitares en otras regiones de Chiapas y un clamor de la opinión pública nacional e internacional. En el caso de San Salvador Atenco, las autoridades consideraban que el conflicto de 2003 había desaparecido o que se había reducido a una dimensión controlable, aunque quizás minimizaba en exceso su protesta permanente y su simbolismo latente en conflictos futuros. Una mayor latencia sigue teniendo, años después, el conflicto social de Oaxaca de 2006.” (La Jornada)

TEXTOS

En privado, zapatistas festejan un cuarto de siglo de lucha
Hermann Bellinghausen/La Jornada

Oventic, Chiapas. Los 25 años de existencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), fundado en las montañas de Chiapas el 17 de noviembre de 1983, son celebrados en el caracol de la zona Altos con una fiesta a la que acudieron miles de bases de apoyo zapatistas y empezó desde ayer.

Dos interminables filas de vehículos estacionados ocupan buen tramo de ambos lados de la carretera asfaltada (se supone), antes y después de Oventic. De carga y de transporte, provenientes de los municipios autónomos alteños. En ellos llegaron las bases de apoyo del EZLN. Muchos de este municipio autónomo, San Andrés Sakamch’en de los Pobres, llegaron a pie de las montañas. Enmascarados por la densa niebla, es difícil calcular cuántos hay en el caracol, pero son miles. Y siguen llegando.

A un lado de la calzada que desciende al espacio público del caracol Resistencia y Rebeldía por la Humanidad, un joven se distingue entre los vendedores de alimentos (por demás modestos: elotes, camotes y chayotes hervidos, arroz con leche, plátano macho frito, pan dulce, pequeñas bolas de tamal suculento). Encapuchado y con atuendo tzotzil, sostiene una pequeña reja de alambre condecorada de relojes de pulsera baratos, pero nuevos.

¿Qué tiempo vende? ¿Qué es el tiempo en las muñecas de esta multitud que hoy celebra 25 años de librar una guerra por la vida y que sigue, en efecto, viva y con la vida cambiada? Oventic se localiza en el corazón de una de las regiones indígenas más densamente pobladas en el país, por pueblos tzotziles y tzeltales que son a la vez antiguos y modernos. ¿El “tiempo indígena” que hacía jalarse de los pelos a los enviados del gobierno a los diálogos de San Andrés, no lejos de aquí, cuando se confrontaba con los comandantes rebeldes?

No es más lento que el tiempo en que vivían (y viven) los funcionarios. Sólo distinto.

Tiempo aparte

Mientras anochece, las figuras que brotan de la espesa niebla, blanca y brillante por los focos, son apariciones en blanco y negro. Numerosas. Más abajo bailan cumbia y juegan basquetbol con música de fondo a base de tambores y alientos, incluyendo un trombón monumental y dorado. Como se sabe, también los sones de tambora bien tocados llevan su propio tiempo. Y como se constata escuchando Radio Insurgente, aquí la hora es otra.

La niebla cubre Oventic. Incluso estando aquí, no se ve más allá de 10 metros. Bajo una cortina así de nubes se gestó en secreto la rebelión zapatista. Bajo ella han transcurrido los 14 años que lleva la autonomía de estos pueblos. Los toldos de ‘nailon’ donde muchas familias están acampadas para la fiesta rodean la parte baja del caracol. La llovizna no les afecta. Los niños juegan sin mojarse.

Aquí no ha llegado la inundación gubernamental del “piso firme” que se desató en una parte de los Altos para cambiar el paisaje chamula y engrosar los “índices de desarrollo” como le gustan al Banco Mundial. Sin embargo, las familias acampadas lucen muy a gusto. Su relación con la tierra, como con el tiempo, es distinta. El color de la piel no es lo único que comparten con ella.

Dentro de la celebración, las bases de apoyo zapatistas han disputado durante dos días torneos de futbol, volibol, salto de altura y de tigre. La final estelar es la de basquetbol entre el Combinado Emiliano Zapata y el equipo Rubén Jaramillo Dos, que antecede inmediatamente al acto de conmemoración de los 25 años del EZLN. Se van congregando los “compas”, que de tantos que son compiten con la niebla y se hacen visibles. Se mueven contentos, orgullosos y tranquilos.

Pero el acto será privado, sólo para los pueblos zapatistas. De hecho, prácticamente no hay sociedad civil, es decir, asistentes no indígenas, como en otras ocasiones. Así que el reportero pasa a retirarse mientras la música se interrumpe y por los altavoces se comienza a llamar a la gente en tzotzil y tzeltal. Brotan hombres y mujeres por todas partes y se hunden niebla abajo. Un cuarto de siglo: se dice pronto.

El horizonte zapatista
Luis Hernández Navarro/La Jornada

“Ya se mira el horizonte”, dice la primera estrofa del himno zapatista. Ese horizonte no es un destino lejano o inalcanzable. No es una idea abstracta. Al menos en parte, las comunidades en rebeldía del sureste mexicano lo han convertido en un hecho real.

Este lunes 17 de noviembre se cumplieron 25 años de la fundación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Dos décadas y media de una experiencia que ha transformado la política y la sociedad mexicana y que ha inspirado de múltiples formas al archipiélago altermundista que en multitud de países lucha por otro mundo.

El zapatismo ha construido una de las experiencias autogestionarias más profundas y renovadoras de cuantas se hayan gestado en América Latina: la Comuna de la Lacandona. A pesar del cerco militar y la ofensiva económica en su contra, las comunidades en rebeldía se han dado a sí mismas formas de autogobierno estable, viven conforme a sus normas y se han hecho cargo de su propio desarrollo.

Lejos de desgastarse con el tiempo, el paso de los años consolida y profundiza su laboratorio de futuro alterno y de otra política. La autonomía es aquí no sólo una propuesta o una reivindicación política, sino un hecho práctico, una experiencia sistematizada; es pensamiento con los pies en la tierra.

Esa hazaña de resistencia rebelde es referencia y estímulo para millones de indígenas en todo el país. Es una demostración de que la autonomía de facto es posible. Es la evidencia de que hay quienes no se rinden ni se venden.

Durante 15 años, cuatro administraciones federales y seis estatales han destinado multimillonarios recursos para contener y acabar con el zapatismo. No han podido hacerlo. A pesar de que han gastado miles de millones de pesos en obras públicas, proyectos productivos, despensas y dinero en efectivo para comprar voluntades, no han podido apagar la llama de la dignidad indígena. Los alzados no aceptan un solo peso de los gobiernos.

El dinero gubernamental ha ido de la mano del garrote. El acoso policiaco-militar en contra del levantamiento no cesa. El Ejército Mexicano mantiene acuartelados en la zona rebelde a miles de hombres. Los patrullajes son constantes. Sin embargo, ni esa presencia ni la de las distintas policías han logrado desarticular la resistencia.

Entre las consecuencias inmediatas que el levantamiento zapatista tuvo para el movimiento social se encuentra haber construido una visión de lo que es posible alcanzar en la lucha, mucho más amplia del existente hasta 1994. El margen de acción estatal es menor, y las concesiones que debe hacer a las organizaciones, mayores. Aunque no siempre lo sepan ni lo aprovechen, los movimientos independientes tienen hoy un espacio mucho más amplio para su desarrollo.

Desde 1994, cuando se instaló la Convención Nacional Democrática, los zapatistas han convocado diversas iniciativas para organizar y dar cauce al descontento nacional. En la mayoría de los casos han propuesto que sean otros quienes las encabecen. Hasta la otra campaña, ninguna tuvo éxito: naufragaron en medio de las disputas internas por el poder de las distintas personalidades y corrientes de izquierda. La otra campaña espera aún su gran prueba de fuego. Sigue pendiente la difusión de un programa nacional de lucha y la demostración de hasta dónde llegaron a cuajar las redes de solidaridad y acción que se construyeron en el camino.

Los zapatistas mantienen grandes simpatías en el mundo indio, entre jóvenes, campesinos pobres y colonos urbanos. En cambio, el apoyo de que disfrutaron entre importantes capas del mundo intelectual se ha desvanecido. La solidaridad que alguna vez tuvieron de franjas amplias de la izquierda partidaria se ha trocado en franca animadversión. Muchas de las ONG que alguna vez estuvieron cerca de su causa se han alejado.

El levantamiento de 1994 reanimó y estimuló la formación de importantes movimientos sociales reivindicativos y opositores. Durante años el EZLN fue un catalizador de protestas sociales de muy distinto signo fuera de su área de influencia directa. Hoy esa función parece haber llegado a su fin. Los zapatistas parecen haber privilegiado la construcción de sus propias fuerzas. Movimientos políticos y sociales relevantes fuera de su órbita de ascendencia no han merecido de su parte expresiones explícitas de solidaridad.

Los zapatistas han trazado muy claramente una línea de separación entre sus amigos y quienes no lo son, incluidos muy importantes actores de izquierda. Una parte importante de sus antiguos aliados del pasado han dejado de serlo por diversas razones. El comportamiento de los legisladores el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la aprobación de ley indígena, las reiteradas prácticas represivas del gobierno perredista de Chiapas y la presencia de connotados caciques en sus filas han cerrado las puertas a cualquier colaboración con la clase política que se reclama progresista. Aunque denunciaron el fraude de que fue objeto, los zapatistas se deslindaron muy claramente de la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador y no fijaron una posición pública sobre el movimiento en defensa del petróleo.

Las difíciles condiciones de su lucha y la disciplina militar con la que actúan los lleva, en ocasiones, a juzgar severamente a muchos de sus amigos y aliados. La enorme complejidad de la lucha social en el país no ha sido siempre registrada en sus decisiones políticas.

Como ha sucedido reiteradamente desde 1994, hay quienes ahora aseguran que los rebeldes han dejado de tener impacto en el país. La experiencia muestra que quienes afirman esto se equivocan. Los rebeldes han regresado al centro de la política nacional con éxito, una y otra vez. Si bien algunas de sus definiciones políticas puedan haber sido equivocadas, cuentan con un capital ético enorme, que les otorga credibilidad y capacidad de convocatoria.

El zapatismo representa una ruptura formidable con los viejos modos de hacer política, que, a pesar del paso de los años, conserva su frescura. A 25 años de fundado el EZLN, su horizonte está aquí y seguirá haciéndose sentir.

Magdalena Gómez
EZLN: más que un aniversario

Oficialmente se cumplieron 25 años del inicio de un proceso que aparecería ante la nación y el mundo el primero de enero de 1994. Ese día el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tomó militarmente siete cabeceras municipales en el estado de Chiapas, en el sureste mexicano.

En sus primeras proclamas, el EZLN anunciaba: “Hemos empezado la lucha que necesitamos hacer para alcanzar demandas que nunca ha satisfecho el Estado mexicano: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”. Todo ello se concretó en la propuesta de reconocimiento a la autonomía indígena de los históricos acuerdos de San Andrés.

Qué decir de ello a estas alturas, cuando ha quedado clara la negativa oficial a ampliar la mira en sus conceptos de libertad, democracia, justicia y paz, así como también es más que evidente que no han caminado por el lado de los derechos económicos sociales y culturales de mexicanos y mexicanas indígenas y no indígenas.

Mucho se ha escrito sobre la historia de una organización que dejó de lado su estructura militar para apostarle de lleno a la vía política, y ello a pesar de las constantes provocaciones y agresiones que ha sufrido del Estado y sus aliados locales en Chiapas con tintes paramilitares. Hoy sólo habría que recordar que ese rumbo, el político y pacífico, fue “mandatado” por la masiva participación de la sociedad civil que logró el cese al fuego en ese histórico mes de enero de 1994.

Pero ya traía elementos el Ejército Zapatista de Liberación Nacional para dar el histórico giro hacia la política. Según testimonios recopilados en el libro 20 y 10: el fuego y la palabra, de Gloria Muñoz Ramírez (EdicionesLa Jornada, 2003), entre 1983 y 1994 el EZLN dedicaría sus principales esfuerzos a una paciente organización interna. El encuentro entre la tradición marxista-leninista con “una realidad que no puede explicar, de la que no puede dar cuenta y con la que tiene que trabajar” sería relatado por el Subcomandante Marcos, vocero de la organización, como “la primera derrota, la más importante y la que lo marcará de ahí en adelante”.

Así se empieza a dar el proceso de transformación del EZLN: de un ejército de vanguardia revolucionaria a un ejército de las comunidades indígenas; un ejército que es parte de un movimiento indígena de resistencia dentro de otras formas de lucha. Cuando el EZLN se imbrica con las comunidades, pasa a ser un elemento más dentro de toda esa resistencia, se contamina y es subordinado a las mismas. Las comunidades se lo apropian y lo hacen suyo, “lo colocan bajo su férula”. Producto de esa derrota, “el EZLN empezó a crecer geométricamente y hacerse ‘muy otro’, o sea que la rueda –que era bastante cuadrada– siguió abollándose hasta que, al fin, fue redonda y pudo hacer lo que debe hacer una rueda, es decir, rodar”.

Después del fiasco foxista con la contrarreforma indígena de 2001, el EZLN anunció en 2003 el nacimiento de los caracoles y la creación de las juntas de buen gobierno, que proponen “mandar obedeciendo”. Estas instancias cuentan con delegados revocables que trabajan sin salario y se encargan de tareas de representación y administración de justicia, además de coordinar con las demás juntas el sistema político autónomo zapatista, que territorialmente coexiste en muchas ocasiones con el sistema político y las demás instituciones sociales del gobierno, e impulsa diversos proyectos, entre los que se destacan emprendimientos agroecológicos, de comercialización de café y productos textiles, proyectos autónomos de salud, educación y comunicación popular. Las autonomías, como bien sabemos, tienen otras expresiones en el resto del país. Una iniciativa nacional, que tuvo su muy aguda polémica en 2006, fue en relación con la postura que aumió frente a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Pero historias, encuentros, desencuentros y aniversarios aparte, importa destacar el panorama actual del país, cuyos rasgos explican las nuevas rutas del zapatismo y el movimiento social.

Hoy contamos con un gobierno federal carente de legitimidad y con una legalidad cuestionada, marcada por la continuidad en las políticas neoliberales que ha impulsado iniciativas “estructurales” que el foxismo no logró colocar. Es el caso de las reformas a la Ley del ISSSTE y las relativas al petróleo, que han concitado amplias movilizaciones sociales y políticas ante las cuales el calderonismo sólo apuesta a la criminalización. Junto con todo ello se embarcó al país entero en la guerra contra el narcotráfico, con saldos peligrosos que impactan al conjunto de la sociedad. En los informes oficiales respecto a conflictos destaca la ausencia de mención a Chiapas, menos aún al EZLN, que busca dar cauce a la indignación que se comparte en amplios sectores sociales.


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